Faustina Mora Gutiérrez

Mujer Cafam Cauca

Ayuda para los hijos necesitados de Dios

El buen humor es el “remedio infalible” para todas las dolencias del alma y las físicas, y que además le sirve como herramienta a Faustina para obtener donaciones con las cuales ayuda, de forma desinteresada, a cualquier persona que lo necesite sin importar dónde se encuentre y sin discriminar por su raza, condición o credo. El trabajo social comunitario de Faustina empieza, cuando la madre de ella invitaba a los indigentes o habitantes de calle a que almorzaran en su misma mesa, pues ella siempre hacía comida demás para los hijos de Dios que sufren por diferentes situaciones.Allí empezó el deseo de Faustina por saber lo que ocurre con estas personas y qué se siente pasar la noche afuera sufriendo por falta de comida, de ropa, estar expuestos a la lluvia, el frío y otras vicisitudes, por lo que decidió ayudarlas de manera alegre y desprendida; y para ello recurre a varios disfraces para lograr las donaciones o hacer pasar un momento de alegría a los más necesitados de su departamento. Su labor la desarrolla también para el Cotolengo de los niños y niñas de la hermana Sor Inés en la vereda San Bernardino, a donde lleva ropa nueva o usada, alimentos, utensilios… en fin, todo lo que pueda recolectar, además de la ayuda que pide para los más necesitados desde su puesto de venta de arepas y envueltos.
¿Quién es Faustina? Faustina nació en Pereira, Risaralda, el 8 de diciembre de 1966, es madre de 3 hijos a quienes considera, junto con su esposo, “un regalo y bendición del padre celestial”. En palabras de Faustina: “Ayudo a las mujeres embarazadas de bajos recursos que algunas veces no tienen comida y ropa para recibir al bebé, me encargo de conseguir la primera muda para que la criatura se vista con ropa nueva y luego consigo usada pero en buen estado para llevarle. También he conseguido mercados para familias de veredas que tienen mucha necesidad. Conseguí con ayuda de Dios y el buen corazón de la gente, una silla de ruedas para el joven Andrés Piamba que estuvo postrado en cama y en el suelo durante 28 años de su vida y por fin en el mes de septiembre del 2019 logré cumplir el sueño de Andrés en la vereda Puelenje, pero fue Dios y el corazón de alguien que escuchó el llamado de Dios a favor del joven”.