Edith Monroy Valderrama

Mujer Cafam Caquetá

Un ángel para los abuelitos

En todas las civilizaciones los ancianos son tenidos en cuenta por su experiencia y sabiduría para aconsejar cómo dirigir los destinos de esas poblaciones. Así, en Grecia existió el Concejo de Ancianos por su sapiencia y madurez; además, y sin ir muy lejos, en la Biblia se dice que las personas ancianas deben ser tratadas con respeto. Y ese respeto y amor fue el que le profesó Edith a su padre quien fue diagnosticado con un cáncer terminal, así ella descubrió una vocación más en su vida: el servicio a las personas de la tercera edad por lo que nació el Asilo para Ancianos Una Luz al Final del Camino, pues siempre ha tenido en su mente y corazón el servicio por y hacia los demás.Una vez se decidió a cuidar adultos mayores adecuó su casa en el barrio El Timy para recibir a todos los ancianos que llegaban del campo a realizar sus trámites médicos en Florencia. Al día de hoy el de Edith tiene doce ancianos, con diferentes historias de vida, edades y enfermedades. Pero que se caracterizan porque han sido abandonados por su propia familia. Para Edith escuchar cada una de las historias que estos ancianos tienen para contar, le permite reflexionar y crecer como ser humano, pues de una forma u otra ella se siente identificada con ellos, debido a las vicisitudes que ha tenido que superar en su vida.
¿Quién es Edith? Edith nació en la vereda La Concordia, del municipio El Paujil, Caquetá, el 6 de mayo de 1968 y estudió hasta el segundo grado de primaria, pues desde temprana edad se dedicó a las labores del campo. Ha conocido el amor cuyos frutos son sus hijos. Hacia el año 2004 su actual pareja recibió la baja del Ejército Nacional de Colombia, lo cual fue de impacto negativo para esta familia, razón por la cual se vieron forzados a invadir un lote en el barrio El Timy que, en palabras de Edith: “… adecuamos para vivir, no de la manera como queríamos, pero lo que prevaleció en ese momento, era tener un lugar donde resguardamos, recortando los gastos de arriendo, fue de la manera más humilde, con tejas y cauchos, una decisión que tomamos inmediatamente, ya que era un gran anhelo en ese tiempo”.